Puente de Clemente

En el término municipal de Villanueva de Alcardete (Toledo), se ubica este armonioso puente sobre el río Gigüela, afluente del Guadiana. Un centenar de kilómetros más adelante, la confluencia entre ambos ríos da lugar al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, del que este río Gigüela es uno de sus principales aportes hídricos.


Puente de Clemente sobre el río Gigüela

El origen y construcción del puente es desconocido ya que ha sufrido numerosas remodelaciones a lo largo de su historia. Ya aparece nombrado en el siglo XVI en las Relaciones Topográficas de Felipe II, como el puente por el que transita el camino de Valencia y Murcia hacia Madrid y Toledo. En aquel entonces, este camino y este pueblo eran muy transitados, y casi de obligado paso para ir a levante desde Madrid. Más tarde, en 1761, se trazarán los Caminos Reales, que reducirán el número de viajeros que cruzaban por este puente y por el pueblo, pues el camino real a Cartagena se traza pasando por la vecina Quintanar de la Orden, relegando esta vía de comunicación a un segundo plano. Aunque de ámbito local, aún hoy en día sigue siendo un punto muy transitado, de paso inevitable para comunicar Villanueva de Alcardete con los campos de cultivo al otro lado del río, así como para llegar a la cercana ermita de San Isidro donde el pueblo celebra su romería cada 15 de mayo.


Camino sobre el puente de Clemente

Por el intenso uso al que ha sido sometido a lo largo de su historia, el puente ha sufrido numerosas remodelaciones, lo que hace difícil su datación. Algunos quieren incluso otorgarle un origen romano, por la armonía de sus arcos de medio punto y su construcción, y por la aparición de cerámicas romanas en las inmediaciones.


Ojos centrales y tajamares

El puente consta de 6 ojos con arcos de medio punto, construidos con sillares. Sobre estos, la mampostería es el material que completa el resto del puente. El camino sobre el puente se encuentra asfaltado, por el intenso uso de carácter agrícola, al que se ve sometido aún en la actualidad.

También consta de tajamares entre cada ojo, lo que facilita que el curso del agua se desvíe y la corriente fluya a través de los ojos, evitando que el agua choque directamente contra los soportes del puente. Esa es la función de los tajamares, que con su forma de proa de barco, dificultan que el agua pueda arrastrar al puente en una crecida.

Si en algún momento existió aquí un puente "enteramente" romano, lo que vemos hoy en día podría ser una reconstrucción o remodelación (una de las más recientes, se hizo en 1994). No obstante, sea un vestigio romano o no, se trata de un antiquísimo puente, que junto con el río Gigüela y rodeado de viñedos, conforman un bello paisaje en este pueblo manchego.


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